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Feriantes, compromiso y rapsodas


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Por primera vez el Racing ganó sin tener que jugar un partido de fútbol. Esta nueva victoria con olor a albero puso el punto y final a la temporada. Ésa que debiera ser un punto y a parte en muchos aspectos no sólo deportivo sino institucional y económico.

El partido más largo se disputó en Las Banderas y por unos días el real tomó el protagonismo dejando de lado a Valdelagrana. Muchos detalles y muchas reflexiones debieran hacerse una vez pasada la Feria, en la que los jugadores racinguistas dieron nuevamente una ración de compromiso. Ración, lo que algunos después de toda una Feria portuense no sabe aún que significa y dudo que lo sepa algún día.

Esa de la que sin aparecer en libros académicos ni en proyectos fracasados de rapsodas iluminados, entendieron por mucho que se les explicó. Esos no. Esos son proyectos sin futuro. Y es que si de algo no se podrá reprochar a este grupo es compromiso. Nuevamente se enfundaron su camiseta roja sin número y sin medallas para ofrecer lo mejor de sí. Nueva ración de humildad y saber estar. Cuando uno da lo que tiene no está obligado a dar más.
En cambio, el que se cree y se presupone estar por encima del bien y del mal erró nuevamente. La derrota era tan previsible como triste. Tan inadecuada como repetitiva. Craso error. Nuevo fracaso y van...

La mejor imagen sin duda de la Feria es el trabajo desinteresado de unos jugadores que en una muestra de sentimiento rojiblanco quisieron estar a la altura de la caseta. Nuevamente de diez. Estos no defraudaron, no saben, estos no. Estos sí conocen que significa el Racing.

Estos no tienen que preguntar para saber. No les hace falta, ya mamaron de pequeños lo que significa para un portuense. Ellos mejor que nadie entendieron que el bien común es el que debe imponerse y no el protagonismo oportunista y falso. Una vez echado el telón no hubo baño de elogios, los discursos vacíos cayeron en un desierto, los aplausos se tornaron en un silencio demoledor y elocuente, poniendo en entredicho el recreo estéril en el intento de una pleitesía con olor a despedida.

El cambio de mentalidad del que intenta dar provecho y no beneficio propio, debiera servir para poner punto y final a la mala costumbre de acoger en las alcobas más íntimas para convertirlas en guaridas de fariseos hambrientos de títulos y reconocimientos. Algunos continúan sin querer ver más allá de su enfermizo ego. Las limitaciones tan profusas tuvieron su punto más álgido.

La temporada no acaba más que terminar y ya va germinando la venidera. Los errores de confección se gestan en verano y éste debiera dar con las personas que dirijan los designios del club de manera correcta en pos de conseguir los objetivos marcados. El recreo personal de las vanidades y de las limitaciones debiera tener los días contados. Nueva ración. Una más.

Luismi Morales


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