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Palabras Rojiblancas: El Paraíso


Sección de la Revista Mi Racing

Tras la publicación mensual de la revista Mi Racing, las secciones que incluye irán exponiéndose a lo largo del siguiente mes en esta página web. Hoy comenzamos con la primera. La prosa y el sentimiento racinguista y portuense se unen en esta genial sección que comanda nuestro compañero Alvaro Guerrero Algeciras, bien llamada "Palabras rojiblancas", y que tantas veces nos pone "los bellos de punta". Su artículo "EL PARAISO" será el encargado de inaugurar el ciclo. Disfrutenló:

EL PARAÍSO

Noches de El Puerto, todas distintas, todas tan bellas, todas dignas de disfrute por cada rincón de esta bendita tierra. Así, por la ribera de su río añejo, por sus plazas y callejas, por sus pinares y playas, por donde quieras que vayas, la noche portuense siempre merece la pena.

Las noches de El Puerto no son noches cualquiera, son noches de ensueño, son noches mágicas, de besos en la playa, manos entrelazadas, caricias, miradas, de paseos incesantes, vitales, divinos, de risas enamoradas en una noche que, por bien, se enmarca en un paraje que se hace eterno, así debiera serlo. Su condición de reina del pueblo, hace de ésta, mi Puntilla, la celestina preferida de todos los sueños, la anfitriona de una noche privilegiada para quien pisa su arena, para quien se perfuma con sus aguas, para quien a la luz de unos ojos hermosos se sumerge en la madrugada.

Escapando del transcurrir de las horas, preso de la madrugada, el tiempo pasa volando. Pronto, ya al alba, llega el frescor de la mañana. Mañana blanca, de brío innato, de esperanza dibujada en un cielo que se despereza. Mañana de despertar alegre, mañana deseada. Mañana de tertulia entre amigos, de café en la plaza, de compras desorganizadas, de reencuentros. Mañanas de flores a la patrona, de rezos, de verdades en una esquina, de puesta al día entre vecinos. Mañana de cañas al hombro, de parada a por muergo, de espigones y barandas, de bocatas, de amistades cultivadas. Mañanas de luz y risas, mañanas siempre muy vivas. Mañanas diferentes, mañanas magníficas. Mañanas tan lindas que las alargas y las alargas buscando su infinidad, pero... llega la tarde, no cualquier tarde, que la tarde de este Puerto es punto y aparte.

Son tardes de otoño al son de una guitarra, una candela, una copa, un suspiro, una bulería. Tardes que mecen al aire, lo adormecen, lo despiertan, lo amotinan, lo enloquecen, lo bautizan por levante.

Tardes de El Puerto, tardes de toros, de natural, de larga cambiada, de banderillas bien colocadas, del humo denso de un puro habano, de almohadillas, de novilladas, de rejoneo, de estocadas, de ovaciones merecidas y premiadas. Tardes de toros, de esencia pura de la tauromaquia.

También son tardes santas, tardes de flores, de cera derramada, de capirotes, de proclamas, de fervor intenso, del vaivén de unos varales, de la pena de una madre, del padecer de un hijo, de la voz de un capataz que se deja el alma.

Pero sobre todo, son tardes de invierno de sol escondido, de cuchillos de viento, de escalones desnudos y sin embargo, tardes de pasión incontroladas, tardes de voces desgarradas de incondicionales rojiblancos. Tardes de rezos en el templo, centro de las fantasías, edén del racinguista, donde el sentimiento manda.
Tardes de enero, febrero, marzo... tardes de gloria siempre. Tardes de empuje desde la grada, de llevar en volandas hacia la victoria a esas once casacas rojiblancas, tardes de corazones ardientes, esas son las auténticas, las verdaderas tardes portuenses.

Autor: Álvaro Guerrero Algeciras

Francisco López Doello


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